Mucho se habló esta semana sobre la muerte de Romina Yan, y no es para menos, era una persona pública, conocida, de los medios, joven con sus apenas 36 años. Uno no quisiera estar ni un segundo en el lugar de esos padres o de esos hijos, claramente un hecho desgraciado. Ahora bien, su muerte se produce en forma natural (un paro cardiorespiratorio), era una mujer que había logrado lo que quería: se casó, tenía 3 hijos, estaba muy bien económica, se dedicaba plenamente a sus hijos por lo que los pudo disfrutar en el tiempo que tuvo, en fin tuvo una buena vida.
En contraposición, ni mejor ni peor, tenemos la muerte que nos sorprende hoy, la de Matías Bernardi el chico de apenas 16 años que fue secuestrado el pasado Martes después de salir de un boliche y luego de habérsele pedido rescate a los padres (estimado en seis mil pesos). Fue muerto de 3 tiros por la espalda y dejado tirado en la vera de la ruta 6. Un crimen más que nos deja esta brutal inseguridad, que según Alberto Fernández bajó un 40%, y que no se puede explicar.
Este chico tenía toda la vida por delante. Millones de proyectos (Carrera, trabajo, familia, amigos...) y con tan solo 16 años muere, mejor dicho, LO MATAN.
Son estos los casos que deberían trascender en los medios televisivos, en los medios sociales (Facebook, Twitter, y otros) son estos los hechos que deberían generar movilizaciones, aglutinamiento de personas frente al congreso, cortes de rutas, cadenas de e-mail y demás.
Si no avanzamos como sociedad, es justamente porque nos siguen importando e interesando más los hechos faranduleros que la pérdida de vidas inocentes en acontecimientos previsibles y controlables.
Si no crecemos como individuos haciendo notar nuestra preocupación por este tipo de hechos, muy difícilmente podamos crecer como sociedad. Seguiremos llorando personajes reconocidos y poniendo solo en estadísticas al resto. Y solo entenderemos lo que se siente cuando nos toque perder a algún ser querido a nosotros, y ver que todo se olvida en 1 día. Esto es lo realmente triste.
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