Sentirse “anormal” puede ser
factor de muchos componentes. Mucho puede ser parte íntima de uno mismo, y
mucho otro por hechos externos.
Tuve la posibilidad de estar
de viaje en Madrid en Abril, y me sentí de esa manera. “anormal”.
Al principio pensé que
podría ser por factores meteorológicos (es
sabido que en Madrid hay muy poca humedad a diferencia de Bs As) pero no,
no era eso. Tampoco el estar en un “lugar diferente” ya que a Madrid la conocía
por anteriores viajes.
Lo que me sonó raro, o así
me hacía sentir fue su “normalidad”. Si, su normalidad, y esta claro que yo
estuve allí en medio de una crisis sin parangón con más de 23% de su población
desocupada y el país en recesión. Pero su gente (raramente para mí) no deja de
respetar al prójimo, sigue las reglas, mantiene la confianza en los políticos,
y sobre todo el gobierno no detiene su inversión en seguridad social, educación
y en mejoras viales.
Los sanatorios públicos en
su gran mayoría solo son comparables a los mejores privados de Argentina. Sus
rutas están inmaculadas, perfectamente señalizadas y realizándole obras de
mejoras (¿?).
La sorpresa de pisar el
asfalto de la calle y que los automovilistas frenen sin importar su apuro o su
velocidad, escuchar a la gente hablar que “es mejor comprar el auto Diesel
porque impacta menos en el medioambiente” (hoy el 80% de su plaza es Diesel y
ya se ven muchos vehículos eléctricos), y ver que la gran mayoría de los autos
son “ultra modernos”, hace creer que esta sociedad esta realmente “insana”.
El subte, ese trasporte
futurista, donde el maquinista pareciera manejar un cohete transbordador es sin
dudas la marca que cualquier Argentino (por comparación) se trae en sus
comentarios, ni que hablar de la limpieza y puntualidad, además de la amplia
red que tiene hoy ese medio de transporte.
El colmo es recorrer los
recovecos que tiene tan hermosa ciudad y hablar con sus habitantes comentando
que uno es Argentino (en pleno conflicto por la confiscación de YPF) y sentir
que la gente no nos tiene bronca a los ciudadanos, sino a los gobernantes, que
nos dan su parecer sin ofensas, sin agravios, sin insultos y…. sin rencores.
Esta claro que estamos muy
lejos de ese modelo de sociedad, al punto de parecernos hoy muy anormal.
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